Mateo necesitaba un piso nuevo porque cambió de trabajo. Empezó a buscar online. Vio muchos anuncios, pero algunos eran demasiado caros.Su antiguo piso estaba cerca del trabajo anterior, pero ahora necesitaba dos autobuses para llegar a la oficina. Cada mañana salía antes de las siete. Por la noche estaba tan cansado que cenaba de pie en la cocina. Un jueves perdió el segundo autobús y llegó tarde a una reunión. Ese día abrió una página de alquileres durante la comida. Puso un precio máximo y dibujó una zona alrededor de la oficina. Solo aparecieron cuatro anuncios. Uno no tenía fotos y otro pedía seis meses de alquiler por adelantado.Un piso era más grande, pero estaba lejos del metro. Otro era más barato y tenía balcón. Mateo decidió visitar tres pisos el sábado.Su amiga Irene le dijo que buscara también en las calles del barrio. A veces había números de teléfono en las ventanas. El viernes caminaron juntos después del trabajo. Vieron una tienda de herramientas, una biblioteca y una pequeña panadería. Mateo compró pan y preguntó a la dependienta por los pisos. Ella conocía a una señora que alquilaba uno cerca. Escribió el teléfono en una bolsa de papel. Mateo llamó desde la esquina. La señora podía enseñárselo el sábado a las doce, después de las otras dos visitas.El primer piso era oscuro. La cocina era pequeña y el baño antiguo. El segundo piso era más luminoso y estaba cerca de un parque.El segundo piso parecía perfecto en las fotos, pero el dormitorio daba a una calle muy ruidosa. Mateo abrió la ventana y pasó un camión. No oyó la respuesta de la persona que le enseñaba el piso. La cerró otra vez y apuntó ruido en su cuaderno. No quería cambiar dos autobuses por noches sin dormir. Cuando salió, compró una botella de agua y llamó a Irene. Ella le recordó que todavía tenía una visita. Mateo miró la bolsa de la panadería para comprobar el número de la casa.La dueña del tercer piso se llamaba Pilar. Le enseñó primero la cocina, donde todavía había una mesa de su padre. Dijo que podía dejarla si a Mateo le gustaba. El piso no era grande, pero tenía luz por la mañana y el balcón daba a un patio. Mateo preguntó por el agua, los gastos y la calefacción. Pilar le dio una hoja con los precios. Después hablaron del contrato. Él pidió una copia para leerla en casa. Antes de salir midió el dormitorio: su cama cabía junto a la ventana.En el tercer piso Mateo conoció a los vecinos. Parecían amables. Pensó: «Voy a alquilar este». Firmó el contrato la semana siguiente.Mateo se mudó un lunes por la mañana. Sus amigos le ayudaron con las cajas. Tuvieron que subir las escaleras porque el ascensor no funcionaba.La primera caja que abrió tenía libros, pero no encontró los platos hasta una hora después. Irene escribió cocina en tres cajas con un rotulador. Otro amigo montó una lámpara y Mateo limpió la mesa de Pilar. Debajo había una marca redonda, quizá de una taza muy caliente. Decidió no taparla con nada. A media tarde llamaron a la puerta. Una vecina les dio una jarra de agua fría y les explicó qué día recogían la basura. Mateo apuntó la información detrás de la bolsa de pan, que todavía guardaba en el bolsillo.Por la noche pidieron pizza y celebraron. Mateo miró el balcón y sonrió. Por fin tenía un lugar que se sentía como casa.A la mañana siguiente se despertó antes de la alarma. Durante unos segundos no reconoció el techo. Después vio las cajas y recordó dónde estaba. Preparó café y buscó una taza. Solo encontró un vaso, así que lo usó con cuidado. Bajó a la panadería antes de ir al trabajo. La dependienta lo reconoció y preguntó por la mudanza. Mateo le dio las gracias por el teléfono de Pilar. Compró dos panes pequeños y salió hacia la oficina. Tardó doce minutos andando. Al llegar todavía le quedaba tiempo para sentarse y desayunar. Sacó la bolsa de papel, ahora llena de notas, y decidió guardarla dentro de su agenda.698 words · 12 paragraphsMark as finished