El sábado pasado me desperté tarde. No trabajé, así que me quedé en casa hasta las once. Desayuné pan con mermelada y tomé dos cafés.Tenía muchos planes para ese día. Quería limpiar la cocina, lavar la ropa y comprar una lámpara. Escribí todo en un papel, pero después me llamó Julia. Dijo que estaba cerca de mi casa con Marcos y que querían verme. Miré los platos del desayuno. Podía lavarlos más tarde. Me puse los zapatos y bajé a la calle. Julia llevaba una bolsa con mandarinas. Marcos tenía una cámara vieja que compró en un mercado. Quería probarla con nosotros.Por la tarde salí con mis amigos. Fuimos al parque porque hacía buen tiempo. Caminamos, hablamos y nos reímos mucho.En el parque buscamos un sitio cerca del lago. Compartimos la fruta y Marcos nos pidió que no miráramos a la cámara. Julia miró a un perro, yo cerré los ojos y él sacó la foto. Después un señor nos preguntó si podía sentarse. Venía al parque todos los sábados porque allí aprendió a montar en bicicleta su hija. Ahora ella vivía en otra ciudad. Nos enseñó una foto en su teléfono. Nosotros también le enseñamos las nuestras, aunque las de Marcos todavía estaban dentro de la cámara.Por la noche cenamos en un restaurante pequeño. Pedí pasta y una limonada. La comida estuvo muy buena y no fue cara.El restaurante estaba casi lleno y solo quedaba una mesa junto a la cocina. Desde allí veíamos al cocinero. Cada vez que terminaba un plato, tocaba una campana pequeña. Marcos empezó a contar las veces. Julia le dijo que iba a tener mucho trabajo. La camarera nos recomendó una sopa, pero todos teníamos hambre y elegimos platos más grandes. Cuando llegó mi pasta, Marcos dejó de contar. Comimos despacio y hablamos de unas vacaciones que hicimos juntos hace años, cuando ninguno sabía leer bien un mapa.Después caminamos por el centro, donde algunas tiendas todavía estaban abiertas. En una de ellas vi un regalo para mi madre.El regalo para mi madre era una bufanda verde. La vi en una tienda que estaba a punto de cerrar. No sabía si le iba a gustar el color. Julia dijo que era el mismo verde de su abrigo. Entonces recordé que mi madre llevaba ese abrigo en una foto de mi infancia. Compré la bufanda y guardé el recibo. En la esquina nos despedimos. Marcos prometió enseñarnos las fotos el próximo sábado. Antes de subir a casa, mandé a mi madre un mensaje para preguntar cuándo podía visitarla.El domingo llovió todo el día. Visité a mi abuela y tomamos chocolate caliente. Hablamos de la familia y miramos fotos antiguas.Mi abuela tenía las fotos en una caja de zapatos. Algunas tenían fechas detrás y otras no. En una reconocí el abrigo verde de mi madre. Estaba en la misma calle donde compré la bufanda. Mi abuela dijo que antes había una panadería en esa tienda. Le pregunté muchas cosas: quién hizo la foto, dónde vivían entonces y qué pasó después. No recordó todas las respuestas. Elegimos cinco fotos para preguntar a mi madre. Cuando salí, la lluvia era más suave y llevaba la caja dentro de una bolsa de plástico.Antes de volver a casa pasé por la de mi madre. Ella estaba preparando sopa y abrió la puerta con una cuchara en la mano. Le di la bufanda y puse las fotos sobre la mesa. Reconoció el abrigo verde, pero dijo que la foto era de primavera, no de invierno. Por eso lo llevaba abierto. Me contó que aquel día fue a buscar su primer sueldo. Mi abuela no recordaba esa parte. Escribí la historia detrás de la foto con un lápiz. Después cenamos sopa y llamamos a mi abuela para contarle. La lámpara seguía sin comprar y la ropa estaba sin lavar. Decidí dejar las dos cosas para el lunes.Por la noche escribí un mensaje a mis amigos: "Me divertí mucho este fin de semana". Estaba cansada, pero contenta.674 words · 12 paragraphsMark as finished